Propuesta Educativa SS.CC.

La Congregación considera que la verdadera educación se propone la formación de la persona en orden a su fin último y el bien social, a través del desarrollo integral de sus capacidades físicas, intelectuales y morales, con vistas a su participación en la vida social con disposición a la búsqueda del bien común. Junto con esta madurez humana, la educación cristiana persigue que los creyentes se hagan más conscientes del don de la fe: viviendo según la humanidad nueva en justicia y en santidad para llegar al estado de la persona perfecta, a "la plena madurez de Cristo" (Ef 4, 13).

 

En consonancia con el magisterio de la Iglesia latinoamericana, proponemos una educación liberadora que convierta al educando en sujeto de su propio desarrollo y que esté de acuerdo con el desarrollo integral que propugnamos para nuestros pueblos. Una educación que sea –al mismo tiempo– evangelizadora, humanizadora y personalizadora, que favorezca la conversión de toda la persona, no solo en su yo profundo e individual, sino también en su yo periférico y social: una persona orientada a la auténtica liberación que abre a la comunión con Dios y con el prójimo. Siendo la educación una mediación para la evangelización de la cultura, apostamos por una educación cristiana desde y para la vida en el ámbito individual, colectivo y ecológico.

La nota distintiva del colegio católico es crear un ambiente comunitario escolar que esté animado por el espíritu evangélico de libertad y de caridad, ayudar a los niños y los jóvenes tanto en su desarrollo personal como en su crecimiento cristiano y orientar la cultura según el mensaje del Evangelio, de tal modo que el conocimiento del mundo, la vida y la persona sea permanentemente iluminado por la fe.

Asumimos entonces que el proyecto educativo del colegio católico se define por su referencia explícita al Evangelio de Jesucristo. En todo proyecto educativo católico Cristo es el fundamento. Esto orienta a las personas a pensar, querer y actuar conforme al Evangelio, asumiendo las bienaventuranzas como programa de vida (cf. Mt 5, 3-10). Un colegio es "católico" por su referencia constante a la visión cristiana compartida por todos los miembros de la comunidad escolar, al punto que los principios evangélicos se convierten en normas educativas, motivaciones interiores y metas finales. 

Por lo tanto, entendemos que una educación desde los Sagrados Corazones en el Perú deberá traducirse en una propuesta educativa cristiana cuyos elementos esenciales son los siguientes:

1. Educamos desde la experiencia comunitaria del amor de Dios

Educamos en y desde la fe, como parte de la misión de la Iglesia, en conversión continua y en relación de cercanía afectiva con Dios que nos creó y nos amó primero, en la certeza del amor que Dios nos tiene (cf. 1 Jn 4, 7ss.). Cuidaremos así de la creación y de cada ser humano. El sello religioso impregna la totalidad del proceso educativo para que las personas puedan descubrir la centralidad de Jesucristo para sus vidas. Desde esta perspectiva son comprendidas y vividas en su exacta dimensión la celebración de la fe, las verdades cristianas y las actitudes evangélicas.

2. Asumimos los criterios de Jesús

Buscamos asumir el estilo pedagógico de Jesús, siendo acogedores, compasivos, responsables, alegres y críticos; vivimos atentos a sus sentimientos, actitudes y criterios, que inspiran nuestro actuar pedagógico (cf. Flp 2, 5ss.).

3. Vivimos en espíritu de familia

Nos sentimos llamados a ser amigos y hermanos según las palabras de Jesús: "a ustedes los he llamado amigos" (Jn 15, 15) y "ustedes son todos hermanos" (Mt 23, 8). Queremos que en todas las organizaciones de los alumnos y las alumnas, de sus padres y apoderados, de los trabajadores del colegio, se establezcan relaciones inspiradas en la comunidad de Jesús. Todos debemos esforzarnos por ser comprensivos unos con otros, sabiendo que cada persona es portadora de la bondad de Dios. La comunidad educativa se va transformando entonces en familia y escuela de servicio.

4. Respetamos a cada ser humano

Respetamos y valoramos a cada persona, sin ninguna discriminación; tratando a los otros tal como lo haría Jesús. Nos empeñamos en proteger y en defender la dignidad de cada uno. Trabajamos por el desarrollo integral de la persona, ayudando a formar con hondura su corazón. Animamos la esperanza para que cada uno reconozca su vocación, transformándose él mismo y transformando el mundo (cf. Rm 12).

5. Acompañamos los procesos

Procuramos ser acompañantes del desarrollo humano y del crecimiento cristiano; que acogen, interpelan y estimulan. Queremos dejar crecer en libertad, de tal modo que cada persona acoja desde sí misma la gracia de Dios, abriéndose a la acción del Espíritu que "sopla donde quiere" (Jn 3, 8). Suscitamos la confianza en medio de las vicisitudes, con la certeza en la acción providente de Dios en nuestras vidas.

6. Estimulamos la calidad

Estimulamos a todas las personas a que crezcan responsablemente de acuerdo a los talentos recibidos. Valoramos la especificidad de cada uno y la diversidad de todos. Promovemos una adecuada integración de las diferentes áreas del proceso de formación. Anhelamos calidad en las personas, calidad que supere la simple excelencia académica y que se oriente hacia la excelencia de una vida cimentada en Jesucristo (cf. 1 Co 3, 11), quien gastó su vida por nuestro bien.

7. Cultivamos la oración y la liturgia

Motivamos a las personas a vivir la experiencia de intimidad con Dios. Sabemos que sin Jesús no podemos hacer nada (cf. Jn 15, 5). En la oración atesoramos el silencio, escuchamos a Dios, nos abrimos a su acción, alabamos, damos gracias, pedimos perdón o intercedemos por los demás. Iniciamos en el aprecio por la eucarística y la adoración, participando de las actitudes de Jesús ante su Padre y ante el mundo.

8. Formamos desde la opción por los pobres

Hacemos nuestra la opción de la Iglesia por los más pobres, comprendida como cercanía a los pobres y lucha contra la pobreza. Nos hacemos cargo de la situación de la sociedad, especialmente de las circunstancias marcadas por la injusticia, la desigualdad y la exclusión. Con conciencia crítica y mirada esperanzada procuramos aproximarnos a diversas situaciones sociales para sensibilizarnos y solidarizarnos. Encontramos motivos en el mismo Jesucristo que vino a anunciar la Buena Noticia a los pobres (cf. Lc 4, 18); reconocemos a Cristo en los rostros de los pequeños (cf. Mt 25, 31ss.).

9. Enseñamos a amar al Perú

Educamos para el compromiso con el país. Reconocemos que somos un país de todas las sangres, en su belleza natural, su patrimonio histórico y su diversidad cultural. Educamos a las personas desde, en y para el Perú, siendo conscientes de la necesidad de promover la formación de las personas en el ejercicio de la ciudadanía en democracia y el respeto a los derechos humanos. Educamos para la convivencia en un mundo global, a través del reconocimiento, el respeto y la valoración del pluralismo político, cultural y religioso, asumiendo los valores del Evangelio en la propia vida.

 

Extraída de la Propuesta educativa SS.CC,  páginas 9 a 13, publicada el 2012 por la Congregación de los Sagrados Corazones - Provincia del Perú